Déjenme desempolvar esto, veamos.-

me di cuenta que cada segundo dejamos de respirar. Llegará el momento en que uno de nuestros latidos sea el último y nos encontremos de nuevo ahí... solos, sin escuchar nada.

Me gusta, lo quiero mucho, ya es mo novio, tiene un cuerpo tallado a mano, moreno, ojos castaños, cabello corto y crespo, es más bajito que yo, pero lo compenza con ideas monumentales, es amable, cariñoso, demostrativo y afectuoso...
Afortunadamente, no es de todos los días cuando puedo disfrutar de un buen café con una lectura que me atrape. Pero sucede que (y no por primera vez gracias a Dios) me perdí en el tiempo, me desconecté desde las 10 de la mañana hasta las 5 pm, conociendo a un chico.
De verdad que me cautivo, con el perfume de las montañas, con la suavidad de la brisa de otoño y el sol sobre una piel blanquecina casi transparente, me recordó a las tardes por Genéve, paseos por los jardines en tardes frías y lluviosas, las piedrecillas en las plantas de los pies, caminos que llevan a la grandeza del espíritu... me recordó mi ciudad y cuanto he dejado de disfrutarla.
No me atrevo a decir que lo conozco, puesto que aun me falta tantísimo por averiguar y platicar con él, pero una cosa es cierta, seré egoísta, y me lo quedaré para mí por un tiempo, y disfrutaré otra vez de un buen café y una lectura que me atrapa. Que afortunado!