Afortunadamente, no es de todos los días cuando puedo disfrutar de un buen café con una lectura que me atrape. Pero sucede que (y no por primera vez gracias a Dios) me perdí en el tiempo, me desconecté desde las 10 de la mañana hasta las 5 pm, conociendo a un chico.
De verdad que me cautivo, con el perfume de las montañas, con la suavidad de la brisa de otoño y el sol sobre una piel blanquecina casi transparente, me recordó a las tardes por Genéve, paseos por los jardines en tardes frías y lluviosas, las piedrecillas en las plantas de los pies, caminos que llevan a la grandeza del espíritu... me recordó mi ciudad y cuanto he dejado de disfrutarla.
No me atrevo a decir que lo conozco, puesto que aun me falta tantísimo por averiguar y platicar con él, pero una cosa es cierta, seré egoísta, y me lo quedaré para mí por un tiempo, y disfrutaré otra vez de un buen café y una lectura que me atrapa. Que afortunado!
